Pública Este sociograma no surge como una representación cerrada del contexto, sino como un dispositivo de deriva. Se construye desde una práctica situada, cercana a la propuesta de Guy Debord, donde el conocimiento no precede al recorrido, emerge en él. No se trata de cartografiar un territorio ya conocido, sino de dejar que el propio desplazamiento revele sus tensiones, sus ritmos y sus zonas de opacidad.
En mis incursiones en el parque apenas he encontrado interlocutores. La colina transita entre la calma y el abandono, y quienes la habitan no se sienten convocados por el diálogo. Me he puesto en contacto con la asociación de vecinos y vecinas del barrio, pero no he obtenido respuesta. Este silencio, lejos de ser un obstáculo, empieza a configurarse como una materia de trabajo. Quizá deba asumir la fragilidad, el silencio y la imposibilidad como parte constitutiva del proyecto. En lugar de forzar un relato testimonial, construir una narrativa no lineal, poética, basada en aquello que resiste sin nombre: un diálogo desde lo precario, sin nostalgia, atento a lo residual.
En este desplazamiento, mi posición se acerca a la figura del paseante descrita por Zygmunt Bauman. Frente a otras formas de relación con el contexto, el paseante se mueve sin un destino fijo, abierto a la contingencia. Mi práctica se sitúa ahí: más cerca de quien observa, registra y ensaya posibles montajes, que de alguien que impone una narrativa previa. Esta posición implica también una toma de postura ética: sostener una práctica que no utilice a la comunidad como material, que evite estetizar la precariedad o instrumentalizar lo social como recurso. La metodología no es solo una cuestión técnica, es también una posición política: cómo mirar, desde dónde hablar, qué hacer con aquello que no se deja representar.
El sociograma se convierte en un campo de fuerzas más que en un mapa estable. La presencia de la procesionaria y su ciclo vital han sido claves en este desplazamiento conceptual. Ya no aparece únicamente como un fenómeno biológico: es un agente que activa percepciones, regula comportamientos y produce formas de relación con el espacio. La señalización, el miedo, la normativa o la indiferencia no son elementos secundarios, son capas activas que atraviesan el territorio. Se abren círculos que son ventana y agujero: permiten asomarse a capas más profundas y, al mismo tiempo, evidencian un vacío. El agujero aparece como espacio de desaparición, pero también de posibilidad. Esta cartografía es crítica y a la vez mítica: señala el abandono institucional pero también intenta activar una relectura poética y simbólica del lugar. Estas capas invisibles —riesgo, latencia, gestión opaca— operan como zonas de interferencia que condicionan el uso del espacio y la manera en que se habita. El sociograma intenta dar forma a estas fuerzas no como elementos fijos, sino como manchas, líneas de tensión y superposiciones que evidencian su carácter inestable. El papel vegetal, por su fragilidad y transparencia, permite superponer tiempos y relatos como si fueran sedimentos. Cada hoja es una capa que deja entrever la anterior, sin borrarla, como las huellas invisibles de quienes han habitado y sufrido este territorio.
Hay algo que ha surgido en el momento de creación del sociograma y que no estaba previsto al inicio: su condición de dispositivo manipulable. Las capas transparentes, los elementos móviles, los círculos y trayectorias desplazables convierten la representación en un campo inestable. El mapa deja de ser una imagen fija para convertirse en una práctica: algo que se reorganiza, se reconfigura y se ensaya continuamente. El sociograma no solo representa relaciones, sino que las activa. Cada desplazamiento de un agente, cada superposición de capas, produce una lectura distinta del contexto. El conocimiento no se organiza de forma jerárquica ni definitiva, sino provisional.
Otro aspecto fundamental es la estructura procesual y abierta del proyecto. No depende de un resultado final, se apoya en acciones pequeñas: caminar, observar, recoger, archivar, traducir, activar. Estas acciones no se organizan de manera lineal, son un movimiento cíclico, cercano al desplazamiento de la propia procesionaria. Cada gesto contiene al siguiente, y todos forman parte de una misma deriva metodológica. Este enfoque implica un rechazo de la lógica del evento como culminación del proceso. En su lugar, me interesa pensar en la continuidad como una posibilidad real: sostener una práctica en el tiempo, permitir que el proyecto se transforme, que incorpore nuevas capas, que permanezca abierto. Situar mi proyecto en una tensión productiva que no se resuelve, sino que se mantiene como un espacio de fricción. Es precisamente en esa incomodidad donde puede aparecer una forma de aprendizaje colectivo.
Dibujar el proyecto como un mapa afectivo —atento a relaciones, silencios, tensiones y cuidados— me obliga a dejar de pensar el territorio como un escenario y empezar a entenderlo como un campo dinámico. El conocimiento no está fuera, esperando a ser recogido, sino que ya circula de manera informal, fragmentaria y contradictoria. Mi relación con el espacio está cambiando. Ya no puedo pensar el territorio como un lugar a intervenir, sino como algo que ya está hablando. Trabajar en un contexto comunitario implica renunciar al control, aceptar la incertidumbre y asumir que el conflicto, el desacuerdo y la incomodidad también forman parte del proceso.
El sociograma, en su condición de objeto y herramienta, refleja esta transformación. Propone un espacio de exploración donde las relaciones pueden reconfigurarse. Más que fijar una imagen, quiere abrir un campo de posibilidad.
- Detalle de la primera capa. Latencia del sistema.
- Detalle de la segunda capa. Registro y archivo en construcción.
- Detalle de la tercera capa. Dispersión y afectación.
- Detalle lateral. Activación.
- Detalle lateral. Planificación.
- Detalle lateral. Potencial activo.
- Detalle lateral. Amplificación del riesgo.
- Detalle lateral. Realización.
- Leyenda del sociograma.

























Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.